Si mientras esta leyendo el relato quiere escuchar la música que estan oyendo los personajes del mismo, puedes hacerlo abriendo una nueva pestaña con el siguiente enlace: Conciertos para violin de johann sebastian bach.

 

Acoso Escolar

 

D on Perplejo está fijando unos cables en una pared de ladrillo visto en la terraza de un ático. Es una tarde soleada de primavera y los rayos del sol penetran como haces de luz por la aberturas del toldo. De vez en cuando se detiene para mirar y oler las flores de unas macetas bien cuidadas con geranios, rosales y de dos arbustos de lilas que había en unos macetones. Por los auriculares de su mp4 suena una recopilación de conciertos para violín de Bach.
Las vistas desde el muro son bonitas. Abajo se extiende la ciudad donde por la parte derecha crecían como unas prolongaciones digitales que penetraban en un terreno de vega. Al fondo se podía ver unas montañas en las que todavía quedaba nieve en algunas de sus cumbres. El bullicio del tráfico era lo único que desentonaba este buen ambiente.
Era ya media tarde cuando el técnico termino el trabajo; recogió los tractos y se despidió de la señora…
–Que buena mano tiene usted para las plantas.
–Pues es solo cariño y agua – dijo la mujer.
Don Perplejo tomo el ascensor para bajar de la decima planta. Saco del bolsillo un caramelo de miel con limón, quito el envoltorio y se lo echo a la boca. Mientras lo saboreaba, recordó las flores y los olores que desprendían.
Salió del edificio y fue en busca de la moto. Caminaba por una amplia acera detrás de dos mujeres que llevaban unos cochecitos de bebe. Al rebasarlas, escucho como una mujer comentaba a la otra: “mi niña es muy buena, por la noche solo llora a la hora que toca la teta. Se la toma y se queda dormida como un angelito”.
Avanzaba por la calle cuando de repente percibió, unos metros más adelante, la figura de una persona conocida que caminaba hacia él.
–Ese que viene es don Alucinado – pensó.
El informático llevaba puesta una camiseta color mostaza con el estampado del rostro de Feliz el gato y una gorra rapera negra con el logotipo de la marca en rojo. Al poco, se juntaron.
–¡Ahí va! Cuanto tiempo don Perplejo.
Se dieron un corto abrazo, y se preguntaron por sus respectivas familias.
–¿Está usted trabajando?- dijo al ver al técnico con el carro de las herramientas.
–Ya he terminado el curro por hoy. ¿Y usted va a ver algún cliente?
–No. Vengo de una tutoría del colegio de Guille.
–¿No será por una travesura del niño? –pregunto con cara de guasa.
–No, por algo más chungo…
–Le Invito a una cervecilla – dijo el técnico
–La verdad es que tengo tarea que hacer, pero estoy de una mala ostia. Le acepto la invitación.
Entraron por una boca calle. Caminaron por la acera sorteando las mesas de las terrazas y a los viandantes hasta llegar a una placita con naranjos a ambos lados en la que se mezclaban el olor del azahar con el de fritanga que salía de un bar. Se sentaron en una mesa de la terraza en la que todavía quedan restos de la última consumición.
–Si no es mucho preguntar, ¿qué le pasa a Guille?
–Pues que unos compañeros del colegio lo están maltratando –se quito la gorra y se froto la cabeza con la mano.
–¡No me joda!- dijo el técnico dando un blinco en la silla-. ¿Y sabe que niños son?
–Pues de eso venía. He estado hablando con su profesora y me ha dicho que no me preocupe: “son cosas de compañeros”.
–Quizás tenga razón y no haya que preocuparse demasiado. Ya sabes cómo son los niños de ahora.
–Que quiere que le diga, hay mucho hijo puta suelto por ahí. Usted conoce a Guille y sabe que es un niño noble que no tiene maldad. Pues le ha cambiado el carácter, está más introvertido, no duerme bien y le cuesta levantarse para ir al colegio.
–¿Y el crio ha dicho algo sobre que le está pasando en el colegio?
–Su madre ha intentado hablar con él pero se cierra en banda y no suelta…
El camarero se acerco a la mesa, saludo educadamente y pregunto que iban a tomar mientras recogía la bajilla y le daba un rápido limpión.
–Dos tubos de cerveza –dijo el técnico mirando a su amigo para que le diera su conformidad.
–Sabe la impresión que me ha dado al hablar con la profesora –dijo mientras clavaba los codos en la mesa y se cogía las manos- es que se pasan la pelota unos a otros y no quieren asumir su responsabilidad. Si los profesores fueran unos profesionales de la educación, el acoso escolar podría quedar como un problema bastante controlado.
Sonó el móvil del informático, lo miro para apagarlo seguidamente. Durante unos instantes permanecieron en silencio con la vista perdida.
Llegó el camarero y puso en la mesa las cervezas y un plato de carne en salsa con dos trozos de pan de tapa. Ambos le dieron un trago a la cerveza…
–Estoy de acuerdo con eso último que ha dicho –repuso el técnico, echándose sobre el respaldo de la silla y dejando caer los brazos-. Son profesionales de la educación, y no solo deben encargarse de la formación de los alumnos, también, de que exista una buena armonía entre ellos y su obligación es saber que niños son débiles y cuáles van de chulitos o matones para prevenir las situaciones de acoso. No solo es ir a largarles la lección y coger la viruta.
Don Alucinado le estaba pegando un buen asalto a la carne en salsa mientras escuchaba a su amigo.
–Imagino que controlaran a los niños –dijo después de darle un trago a la cerveza para que le bajara el último bocado-. Pero con mi hijo no lo están haciendo bien. Y mire que le diga, me estoy planteando denunciar al centro si la situación no mejora.
–¡Denunciar! -exclamo el técnico mientras trataba de pinchar con el palillo un trozo de carne-. Meterle mano a un centro es más difícil que ver a un gitano rumano con un paraguas un día de lluvia; igual le cogen manía y tiene que cambiarlo de colegio.
Don Alucinado puso ambas manos en la parte posterior de la cabeza, inclino la espalda sobre el respaldo de la silla y comenzó a frotársela con un gesto de impotencia.
–Ande, no se preocupe –cogió el brazo de su amigo para sacarlo del momento de angustia-. Vera usted como la cosa se arregla. Descubre que niños lo acosan y va hablar con sus padres.
–Es que esta situación tenían que haberla controlado su profesora, que es la que trata todos los días con el niño. ¿Se supone que debe conocerlos?, y no haber llegado a este extremo.
Quedaron en silencio mientras le daban unos tragos a la cerveza
–Anda que lo del fracaso escolar –dijo el técnico abriendo los brazos-. En las empresas te imponen un mínimo de productividad, y si no los cumples te cae la del pulpo.
Si pusieran esta norma en todos los colegios, unos cuantos tendrían que cambiar de profesorado.
–A medias –objeto el informático-, en esto también influyen otros factores.
–No le digo que no, pero un buen profesor se recuerda toda la vida y sus alumnos son los que menos fracaso y acoso tienen. Si hubiera más profesores como estos, el problema del que estamos hablando disminuiría notablemente.
–Bueno, vamos a dejar el tema por hoy que nos estamos poniendo más dramáticos que los anuncios de las alarmas para el hogar –concluyo don Alucinado dibujando una sonrisa.
–Mejor será. ¿Quiere usted otra cerveza?…
–Venga, la última –respondió-, de todas maneras no me voy a poder concentrar en el trabajo.
El técnico hizo una señal al camarero para que viniera.
–¿Y este año el atlético se clasificara para la liga de campeones? –inquirió el técnico.
–Eso espero, porque lo de ganar la liga no va a ser aunque se le aparezca la Virgen.

¿y tú que piensas sobre el tema tratado en el relato?; puedes dejar tu apinión en el formulario de comentarios.
Si no piensas no exites.

 

 

 

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