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PISOS TURISTICOS

Don Perplejo llego al taller después de dar un buen paseo con Viruta. La perrilla atravesó el local con paso perezoso y se tumbo en su cama. El técnico cogió el cuenco de la perra y le dio un enjuague, dejo correr el agua unos segundos, lo lleno y lo puso en su sitio. A continuación, fue al equipo donde coloco con suavidad sobre el plato un LP de Chris Rea.  Mientras la música sonaba preparo las herramientas e hizo acopio de los materiales necesarios para ir a reparar dos persianas en casa de un cliente. Una vez que termino, recogió del suelo un oso de peluche rechoncho de color marrón que le había regalado a Viruta por su quinto cumpleaños y lo puso junto a ella. Acaricio su cabeza varias veces y le dijo en voz baja: La perrilla levanto la cabeza escuchando atentamente sus palabras y cuando termino volvió a recostarla como si hubiera entendido a su compañero. Apago el equipo, salió del taller echando la llave a la puerta. Y se fue a coger la moto que tenía aparcada enfrente. El tráfico, como casi siempre, estaba infernal pero con la moto avanzaba a una velocidad adecuada, pensó. Llego al edificio del cliente, que casualmente era donde estaba la oficina de su amigo el informático, aparco la moto en el espacio que había entre los contenedores de reciclaje del papel y el de la ropa usada y se dirigió en busca de la entrada. Entrando en el portal, don Alucinado salía. –¡Hombre!,-dijo el informático dando un paso hacia atrás con cara de sorpresa- ¿Qué hace usted por aquí?, ¿ha venido en busca mía? –Qué casualidad… No, vengo a hacer un trabajo a un vecino. –Pues yo salía a por un café, ¿quiere usted otro? — Gracias pero no puedo entretenerme, voy justo de tiempo. –Si le viene bien, cuando termine la faena pásese por la oficina. –Vale… El informático dio un blinco saltando los dos peldaños que había para salir a la calle, y el técnico se adentro en el portal para tomar el ascensor. Al llegar a su planta fue a la puerta del apartamento y llamo al timbre. Al poco, abrió la puerta un señor de edad indeterminada vestido con ropa deportiva. –Ya está usted aquí –dijo el hombre mientras se echaba a un lado de la puerta- .Pase. –Con permiso, ¿para donde? –Usted lo tiene, es en el salón… El técnico camino tras el cliente hasta llegar a una estancia donde predominaban distintos tonos de color blanco en la decoración y, como nota discordante, un gran cuadro con flores de colores fuertes sobre un mueble repostero. En la habitación había tres ventanas y un pequeño balcón con persianas compactas. En una de las ventanas la tapa del cajón estaba quitada y los tirantes que la cogían al eje estaban sueltos. La persiana del balcón estaba bajada casi completamente e inclinada a la derecha. — Aquí tiene usted las persianas. Esa –dijo señalando la que tenía el cajón abierto- he intentado yo cambiar la cinta, pero no ha habido manera de quitar los tornillos de la chapa que tapa la polea. Don Perplejo abrió la bolsa de las herramientas, cogió las tijeras, aguja, hilo y fue a cambiar la cinta de la persiana de la ventana. –Vera usted –comento el técnico mientras enhebraba la aguja- hay un truco para saltarse esos tornillos: consiste en coser la cinta nueva a la antigua. Desenrolla la cinta de la polea y la corta, dejando unos 25 cm del principio y le cose un extremo de la nueva; el apaño no se ve cuando funcione. –Vale. Todo lo que usted diga, pero después del mal rato que he pasado cuando me vuelva a pasar lo llamaré –concluyo el cliente. Una vez que dejo arreglada la primera, se puso con la segunda que tenía el tirante derecho que la une al eje roto. Cambio los dos tirantes y la persiana funciono correctamente. –Ya están arregladas. –Pues si que usted rápido –repuso aliviado. El señor pago al técnico y lo acompaño hasta la puerta para despedirlo. –Gracias, que tenga un buen día. –Igualmente. Don Perplejo tomo el ascensor hasta la planta baja y fue en busca de la oficina de don Alucinado. Dio un par de toques con los nudillos en la puerta y espero respuesta. –Pase, está abierto. –Ya estoy aquí. –Siéntese, enseguida estoy con usted –dijo el informático con el pelo alborotado y sin levantar la vista del monitor. Don Perplejo se fue a liarse un cigarro junto a una ventana que daba a un patio donde había tres macetones con aloe vera… –Ya estoy con usted ¿quiere que ponga música?, le dejo elegir –A mi me vale algo de Chris Rea… ¿Tiene mucha faena? –Ahora estoy con un trabajo que tengo que entregar pasado mañana de una web y una campaña de publicidad para una churrería que quiere vender churros con chocolate a domicilio –repuso con cara de estresado, mientras ponía la música en la computadora. –Interesante – dijo el técnico con cara de sorpresa apoyado en el radiador que había bajo la ventana. –A propósito, sabe usted de algún piso que se alquile, y que no sea una cueva amueblada –pregunto el informático. –Pues ahora mismo no sé nada. ¿Es que se va a mudar? –No, es para mi hermano Nacho que lo han trasladado. — ¿Ese es el que estaba en Lérida… o Gerona? — En Gerona. Ahora está con mis padres hasta que encuentre algo decente que se pueda pagar; lleva dos semanas buscando y la mayoría de lo que ha visto son bodrios, y cuando encuentra algo de su interés le piden la mitad o más de la nómina. –Ya lo creo, con los pisos turísticos y los fondos buitre el precio de los alquileres se han desmadrado –repuso el técnico. –¡Esto es una locura! -espeto don Alucinado levantándose bruscamente de la silla-. Si los que tienen la pasta invierten en vivienda para hacer negocio disparando los precios de los alquileres y los políticos miran hacia otro lado o estan metidos en el ajo, mal lo llevamos los currantes. –Ja ja ja… como siempre –objeto el técnico con guasa-, y no tiene arreglo porque lo que mola es ser funcionario y rentista caiga quien caiga –Usted ríase- comento dando una profunda calada a su cigarro artesano- pero este no es el camino para que la gente tenga calidad de vida y prosperé. Además, un país en el que su economía depende tanto del turismo, una catástrofe medio ambiental o una amenaza terrorista nos puede llevar a la ruina. –O una epidemia de gripe española. No te fastidia –dijo el técnico rascándose la cabeza-… Estoy con usted, pero a ver quién le quita el cascabel al gato. –No me quiero alterar más que tengo trabajo que hacer, así que le voy a despedir -concluyo el informático poniendo una sonrisa forzada en su rostro. Don Perplejo cogió la bolsa de las herramientas sin mediar palabra, y se fue para la puerta. Antes de salir se despidió de su amigo. –Que tenga buena faena. ¡Ah!, si me entero de algún piso que alquilen que no sea una cueva, lo llamaré. ¿Y tú que piensas sobre el tema tratado en el relato?; puede dejar su apinión en el formulario de comentarios. Si no piensas no exites..

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